Cuando las cifras ya no dan más miedo

Por Tomás Deglise

Howard Phillips Lovecraft fue un famoso escritor estadounidense. Durante las primeras décadas del siglo XX, antes de su temprana muerte, presentó al mundo un tipo de literatura antes desconocida: el horror cósmico. Dentro de las obras que nos dejó, se encuentra una interesante frase:

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”

Estrategias de comunicación: entre la razón y el miedo

El inicio de la cuarentena implicó un nuevo desafío comunicacional: la estrategia comunicacional debía poder acompañar al resto de aparatos del Estado en reforzar el cumplimiento de las medidas sanitarias y, más importante, generar un consenso social que reduzca la necesidad de utilizar la coacción para mantener el cumplimiento de estas.

En la Argentina la imagen del presidente señalando una serie de cuadros, gráficos, datos y cifras dio muestra de la estrategia adoptada. Semanas tras semanas, las conferencias presidenciales eran acompañadas de la misma imagen, muy aplaudidas por cierto. La estrategia adoptada, más racional, respaldada en números y datos, parecía generar los consensos necesarios e incluso tal vez más. Con esta estrategia, números de infectados bajos y la mirada puesta en las crisis sanitarias europeas el resultado fue claro: un consenso fuerte y a favor de la cuarentena, un repunte de la imagen positiva presidencial, una esperanza en superar la crisis y un miedo consciente al ver lo que era una tragedia en Europa. Sin embargo, nada es eterno. Las cifras de contagios crecieron, la esperanza se fue apagando, el miedo se fue perdiendo, las presiones aumentaron y el cumplimiento de la cuarentena, junto con la imagen presidencial, comenzó a caer.

Reciente publicidad de tipo emocional del Gobierno de Canarias, España.

¿Por qué una estrategia más racional dejó de dar frutos? Como se trató en otro artículo (Emoción y razón en tiempos de crisis) la comunicación racional, centrada en datos y argumentos lógicos, tiende a ser menos efectiva a la hora de la política, dado que es un ámbito que genera poco interés a las personas. No obstante, en caso de un creciente interés, la comunicación racional tiende a tener buenos resultados, siendo recibida con atención y generando impacto: esto es lo que ocurrió al inicio de la cuarentena. Pero nada dura para siempre.

La estrategia comunicacional racional comenzó a verse agotada cuando pierde su superávit de atención provocado por el profundo miedo que implicó la llegada el coronavirus: con la mirada puesta en la crisis y tragedia italiana, luego la española e inglesa y la desesperación estadounidense, la respuesta lógica fue el miedo, y, como diría Lovecraft, el más fuerte de todos, el miedo a lo desconocido. En este sentido se generó no solo un superávit de atención, sino también un espaldarazo de consenso a medidas que, en otro contexto, podrían llegar a parecer impensadas. La comunicación del gobierno, por otro lado, se vio reforzada y complementada por los medios de comunicación y actores privados: mensajes y spots emocionales, como también una cobertura extensa y profunda sobre los peligros del covid-19 y las tragedias desatadas en Europa por su mano, que, en suma, no hicieron más que reforzar el consenso y gestionar el miedo hacia un sentido concientizador (para más sobre el tema ver La gestión del miedo). Sin embargo, esto tampoco duró.

La caída en la percepción de peligrosidad del coronavirus de abril con respecto a julio, según los datos de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés. A finales de abril se acumulaban 4428 contagios (con 143 casos el 30 de abril), a finales de julio 185.373 contagios (con 5929 el 31 de Julio).

El miedo comenzó a perder sus fuerzas: lo que antes era lo desconocido, aún en sus horribles peligros, fue perdiendo su velo de profunda incertidumbre. Los esbozos de esperanza y optimismo fueron cayendo conforme crecían las cifras de fallecimientos e infectados. Conforme aumentaban estas cifras, decaía el espacio que le daban los medios de comunicación al covid-19. Las presiones aumentaban, la atención se perdía. El estado actual parecería dar cuenta de una certidumbre mayor sobre aquello que es el covid, que sobre aquello que depara el futuro social y económico al país y su gente;  se podría decir, entonces, que el miedo no perdió fuerzas: solo se ha desviado hacia otro tema.

La caída de la presencia del tema covid-19 en la agenda de los más importantes medios digitales (actualizado hasta finales de Julio), según el Observatorio de Medios de la UNCUYO. Su progresiva caída acompaña al crecimiento de la curva de contagio, y la caída del consenso con respecto a las medidas sanitarias.

En este contexto nos encontramos con una estrategia comunicacional agotada, que no logra ser efectiva. La gestión del miedo (ver nota al respecto) necesaria, capaz de evitar por un lado la parálisis o la desesperación, pero también el no-miedo y su inconsciencia, implica, además, poder lograr niveles equilibrados de miedo que permitan la concientización en el cuidado. Ahora bien, la comunicación racional, de datos, cifras, se está viendo incapaz de lograrlo: si ha funcionado antes no fue por generar un miedo concientizador, si no que ha funcionado porque ya había miedo en el ambiente.

Las preguntas que quedan es, primero, si se puede generar un cambio comunicacional. Segundo, si ese cambio no llegaría demasiado tarde.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s