“El gran desafío de los datos no es el análisis per se sino la formulación de preguntas concretas que puedan ser analizadas con datos”. Entrevista a Walter Sosa Escudero, autor de Big Data

Hoy es casi un lugar común hablar del potencial y el futuro del Big Data, casi como si fuera una moda, una suerte de recurso discursivo que supuestamente nos posiciona en un lugar innovador en el marco de un nuevo paradigma comunicacional

Sin embargo, pese a que la ciencia de datos es un fenómeno que evidentemente ya invadió nuestras vidas, vemos cómo en realidad -al menos en las ciencias sociales- se sabe bastante poco del fenómeno. Lo mismo ocurre en el campo disciplinario de la comunicación política, dónde el manejo estratégico de grandes masas de datos es ya una realidad muy extendida en las campañas electorales de algunos de los países más desarrollados del mundo.

Para adentrarnos en este apasionante fenómeno y explorar cómo dimensionar de manera más eficaz esta nueva realidad informativa, el equipo de la Revista Compol dialogó con Walter Sosa Escudero, economista por la Universidad de Buenos Aires, PhD por la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y profesor de la Universidad de San Andrés, autor del exitoso libro Big data: breve manual para conocer la ciencia de datos que ya invadió nuestras vidas (Siglo Veintiuno).

Walter Sosa Escudero

Revista Compol: Antes que nada, te queríamos preguntar, ¿de qué hablamos cuándo hablamos de Big Data?

Walter Sosa Escudero: Hablamos del fenómeno de datos masivos por interactuar con dispositivos o tecnologías sociales interconectadas: celulares, redes sociales, dispositivos GPS, sensores, tarjetas de crédito, etc. Pero la contraparte de los datos son los métodos computacionales, matemáticos y estadísticos que se usan para interactuar con estos datos y son tan (y tal vez más) importantes que los datos en sí.

RCP: En el país de la grieta, estamos ya muy acostumbrados a la polarización y las polémicas muchas veces inconducentes. En el caso del Big Data, están quienes relativizan el fenómeno y aquellos que destacan su enorme potencial y su promisorio futuro. ¿El Big Data implica un cambio de paradigma? ¿Qué futuro le augurás?

WSE: Mi libro tiene una postura que es entusiasta en algunas dimensiones y completamente escéptica en otras. Adicionalmente, pone sobre la mesa el mar de posturas intermedias, es decir, aspectos de big data que todavía no sabemos de su potencial y dificultades.

Justamente, el principal objetivo del libro es mostrar que, como con todo, el fenómeno de big data tiene negros y blancos bien definidos, y que la parte mas interesante del fenómeno tiene grises, es decir, aspectos que tienen ventajas y desventajas, y que es necesario sopesarlas.

RCP: Esta es una revista de comunicación política, hecha por docentes e investigadores en un campo que, al igual que el de las ciencias de datos, es eminentemente interdisciplinario. Te llevamos entonces al mundo de la política. ¿Qué impacto creés que tendrá en la política en general, y en el mundo de las campañas electorales en particular? Y, vinculado a ello, sabemos que hay otros países del mundo en donde estas herramientas ya están muy extendidas, ¿cómo ves a la Argentina en ese contexto, crees que estamos de alguna manera atrasados frente al potencial que tiene el fenómeno?

WSE: No creo que Argentina atrase mas que otros países. Big data tiene un gran potencial en cuestiones de marketing y posiblemente de aprender de comportamientos de ciudadanos y votantes. Pero, por otro lado, la política y la economía son fenómenos altamente estratégicos, que introducen una enorme dosis de impredecibilidad, que no tiene que ver ni con la falta de datos ni de algoritmos poderosos.

Aun en tiempos de big data y machine learning, fenómenos como la elección del Papa Francisco, el episodio del Brexit, la emergencia de Donald Trump o la mismísima pandemia del Covid-19 han sido fundamentalmente impredecibles para la mayoría de la sociedad. Esto no habla mal de big data ni de los algoritmos sino de la enorme complejidad del entramado social y de la difícil tarea que tienen los científicos sociales.

RCP: Vivimos en tiempos dónde estamos expuestos a una sobredosis de información, un fenómeno que el catalán Alfons Cornellá definió como “infoxicación”, y que necesariamente nos lleva a practicar una suerte de “economía de la atención”. En este marco, quiénes nos dedicamos a la comunicación política nos enfrentamos al desafío de construir mensajes que lleguen e impacten en un contexto saturado de mensajes políticos y no políticos en pugna. ¿Qué puede aportar la ciencia de datos en este plano?

WSE: Poco. Por el contrario, el desafío esta fuera de la ciencia de datos, es decir, de quienes interactúan con datos y algoritmos desde las disciplinas que los convocan. El gran desafío de los datos no es el análisis de datos per se sino la formulación de preguntas concretas que puedan ser analizadas con datos. La contracara de la revolución de los datos será la de las ideas.

RCP: Al hablar de manejo de datos, inevitablemente surge el debate sobre la privacidad, la transparencia, e incluso las fake news y otros fenómenos propios de este nuevo paradigma comunicacional en que estamos insertos. ¿Qué nos podés comentar al respecto?

WSE: Que es importante no tener una actitud ni inocente ni conspirativa. Nos hemos beneficiado enormemente de disponer de algoritmos, para lo cual hemos entregado privacidad. Entregar datos pasiva e inocentemente es tan contraproducente como cerrarse 100% a la tecnología.

RCP: Por último, no queríamos dejar de referirnos a la situación que hoy se plantea en función de la pandemia global del Covid-19. Si bien parece claro que la incertidumbre llegó para quedarse, y que aun es difícil pronosticar la magnitud y alcance de los cambios, prácticamente todos estamos convencidos de que el mundo ya no será el mismo. En particular, ello es evidente en lo que respecta al sistema educativo y las relaciones laborales; ¿qué rol puede jugar el Big Data en este campo?

WSE: Un rol tan importante como el de todo el conocimiento científico. A efectos de monitorear ciertas cuestiones (como los movimientos territoriales, síntomas, etc.), puede ser una herramienta poderosísima. Pero el hecho de que aún en el clímax de datos y algoritmos, el timing, la intensidad y la profundidad de la pandemia haya sido esencialmente impredecible habla de las serias limitaciones del big data.