Susana Distancia: del éxito al fracaso

Por Francisco Javier Navarro Alvarado

Dentro de lo más profundo de una pandemia que no solo ha azotado al mundo con imperiosa velocidad, sino que también ha vulnerado a las más fuertes y robustas potencias económicas surge una figura que tiene como encargo combatir cara a cara al coronavirus. Esta entidad no es una institución, tampoco lo es un laboratorio con la cura al COVID-19 y mucho menos un líder mundial con la solución a la crisis provocada por el coronavirus.  Entonces ¿de quién se trata?

De quien hablamos es de una estrategia, presentada por el Gobierno Mexicano el pasado 20 de marzo, que se enmarca como una ingeniosa iniciativa para combatir la propagación del virus SARS-CoV-2 en territorio mexicano.

En el ya mencionado informe diario sobre coronavirus en México, el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, presentó al personaje “Susana Distancia”, una heroína encargada de promover las medidas de distanciamiento social y de comunicar de manera simplificada los riesgos que el coronavirus implica.

El 20 de marzo el  Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell presentó la Jornada Nacional de Sana Distancia.

Susana Distancia se configura dentro del plan oficial del Gobierno Mexicano conocido como Jornada Nacional de Sana Distancia y se posiciona, además, como una receta a adicional a la Infodemia que rodea al COVID-19. De esta manera el Gobierno de la Cuarta Transformación (4T) materializa en Susana Distancia la lucha en contra del COVID-19 en México.

La Jornada Nacional de Sana Distancia a través de su heroína se entiende como un esfuerzo de, por un lado, sensibilizar a la población que desatiende las medidas de prevención ante el coronavirus en México y, por otro lado, de hacer más digerible los riesgos y naturaleza del COVID-19.

Para llevar a cabo tales objetivos Susana Distancia no solo se apoya en medios tradicionales de comunicación, sino que también, Susana Distancia saca provecho de las redes sociodigitales como herramientas estratégicas al tiempo de hacer visible su mensaje.

Una herramienta singular de Susana Distancia es el uso de WhatsApp. A través de este medio los mexicanos no solo pueden acceder a información oficial de la Secretaría de Salud, sino que también pueden contar con pruebas de riesgo de COVID-19 sin salir de casa. De esta manera los mexicanos pueden consultar a una fuente directa y confiable respecto a síntomas, cuidados y medidas de precaución en el marco del COVID-19.

Susana Distancia fue muy bien recibida. Su impacto es tal que al día de hoy cuenta con más de 60 mil seguidores en Twitter e incluso han surgido dinámicas adicionales como un concurso de ilustración de este personaje. Además, el ingenio mexicano no se hizo esperar y le hicieron una piñata como homenaje al esfuerzo de esta heroína por derrotar al coronavirus en México.

El éxito de Susana fue tal que hasta una piñata le hicieron en homenaje.

Susana Distancia y su Jornada Nacional significaron rápidamente un estado de alarma. Desde su puesta en marcha, en la percepción del mexicano se configuró un estado de alerta, el cual sugería que el COVID-19 en México era una realidad y había que prestar atención a evitar su contagio. De esta manera, el esfuerzo simbólico que Susana Distancia significó fue de suma importancia para concientizar al mexicano ante la coyuntura sanitaria.

A pesar del entusiasmo generado en torno a este personaje su aparente y potencial éxito no solo de Susana Distancia sino de toda la estrategia que la compone se ha visto mermado por la escasa coordinación gubernamental al momento de informar a la población respecto al comportamiento del Coronavirus en México. Al tiempo que el Dr. López Gatell, en los Informes Técnicos sobre COVID-19 en México, difundía las medidas a emprender para evitar una acelerada ola de contagio de coronavirus en México, los Gobernadores de los Estados de Jalisco y Baja California, por citar un ejemplo, cuestionaban el actuar del Gobierno Federal ante la crisis sanitaria.

Aunado a ello, y como se ha mencionado en entregas anteriores, en repetidas ocasiones Gobiernos Estatales han informado cifras que no necesariamente corresponden con las desplegadas por el Gobierno Federal en los informes diarios sobre el COVID-19.

En adición, los medios de comunicación han sumado acciones para configurar un escenario de desconfianza respecto a la Jornada Nacional de Sana Distancia y a las acciones que la componen. Por mencionar un ejemplo, el pasado 17 de abril del 2020 la cadena de Televisión TV Azteca hizo un nombramiento público a no atender las recomendaciones que la Secretaría de Salud realiza para evitar la propagación del COVID-19 en México. El argumento de TV Azteca partía precisamente de la poca claridad en las cifras de casos confirmados en México, sugiriendo que las estadísticas mostradas eran imprecisas y, por lo tanto, poco creíbles.

Invariablemente todos estos factores sumaron elementos suficientes para que la población mexicana comenzase a dudar no solo de la iniciativa de Susana Distancia, sino de los informes desplegados por el Gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador. En virtud de ello, la población mexicana ha relajado las medidas de prevención ante el COVID-19, lo cual, por consecuencia, ha disparado los índices de contagios en el país, lo cual ha orillado a extender las estimaciones de fin de la crisis sanitaria en el país y el pico máximo de la pandemia en México.

Paradójicamente, y a pesar de que los casos en México no cesan, el 30 de mayo se dio por terminada la Jornada Nacional de Sana Distancia, en virtud de que “la pandemia se ha domado” según el Presidente López Obrador. En contraste, López Gatell, quien encabeza los informes diarios sobre coronavirus en México, ha declarado que el fin de la Jornada Nacional de Sana Distancia no implica una victoria sobre el coronavirus, mucho menos el fin de las medidas de prevención ni la emergencia sanitaria.

A pesar de ello, el pasado 11 de junio en conferencia matutina, López Obrador exhortó a la población a “vencer no solo a la pandemia, sino también nuestros temores, nuestros miedos, desde luego con cuidado, pero como ha pasado mucho tiempo con el confinamiento si hay temor a salir, no sólo es porque se prohíba o se diga estamos en semáforo rojo, sino que no tienen muchas ganas de salir y hay que salir, poco a poco y con cuidado a ejercer nuestra libertad”.

El contraste y contrariedad sucedió ese mismo día, cuando en conferencia nocturna, López Gatell anunció que el semáforo rojo en México se mantenía y que incluso el pico máximo de la pandemia arribaría la semana del 15 de junio.
En adición, y sumando a la débil coordinación entre órdenes de gobierno, la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través de conferencia de prensa virtual recalcó la importancia de “emitir mensajes coherentes pues los ciudadanos se sienten confundidos si escuchan diferentes mensajes. Hay que garantizar que tengan la mejor información posible para protegerse a sí mismos, a sus seres queridos y a las comunidades”.

Hoy en día, en México, la crisis sanitaria de COVID-19 se advierte lejos de terminar. Lo que en algún momento surgió como una innovadora iniciativa ante coronavirus hoy se aprecia como un esfuerzo interesante, y potencialmente exitoso, pero aislado.

Dentro de lo más profundo de una pandemia que ha azotado al mundo con imperiosa velocidad una figura triste se asoma. Se trata de Susana Distancia. No la venció el COVID-19, no la venció la pandemia. Su fin fue la poca coordinación institucional y el clima de desconfianza que se ha construido en torno al Sistema de Salud en México ¿Podrá levantarse del golpe?