Hologramas: ¿el futuro de las campañas electorales?

Por Iván Goldman (Ciencia Política, UBA)

A principios del año 2017, en Francia, el candidato de La France Insoumise Jean-Luc Melenchón, lanzó su campaña presidencial en Lyon buscando llegar al Palacio del Eliseo. Ni bien subió al escenario, chasqueo los dedos y mágicamente apareció en un mitin a más de 400 kilómetros de allí, en Paris. ¿Cómo lo hizo? Simple, con un holograma.

Así el candidato de izquierda lanzaba su campaña simultáneamente en dos sitios a la vez. Con el tiempo llevaría al extremo esta técnica, llegando a aparecer en siete lugares al mismo tiempo.

Tampoco fue el único, ni siquiera el primero. El premier candidato indio, Narendra Modi, utilizó esta técnica en su campaña del año 2014, cuando desde un estudio de televisión logró aparecer simultáneamente en más de cien localidades de la India al mismo tiempo. Ese mismo año, en Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, se aparecía ante sus seguidores como una imponente figura holográfica de más de tres metros de alto, resaltando su figura como “hombre fuerte” de la política.

Argentina tampoco sería ajena a la nueva práctica. En 2017, Florencio Randazzo usaría esta técnica para estar en Mar del Plata y La Matanza al mismo tiempo para impulsar su candidatura al Senado de la Nación.

El candidato francés anuncia su lanzamiento de campaña simultaneo en Paris y Lyon buscando ser tendencia en las redes sociales.

No, no eran escenas de La Guerra de las Galaxias, eran muestras de un nuevo vehículo para los mensajes de campaña: los hologramas.

En busca de la omnipresencia

Ya sea en vivo o con un mensaje pregrabado, estos hologramas buscaban dos cosas: el efecto de lo novedoso, y romper con las barreras físicas para optimizar los tiempos y el alcance de sus campañas. Los candidatos así, parecen convertirse casi en seres divinos omnipresentes, estando en varios lugares al mismo tiempo. Y esta metáfora no es menor. En la India se buscó esa misma analogía[1]. Modi no solo era un candidato, era ahora “un semidios” dispuesto a gobernar sobre más de 1.300 millones de personas, así, se apelaba al sentimiento religioso de los votantes, se dotaba de una épica a la campaña del BJP.

Evidentemente, estas dimensiones demográficas no son la del resto de los países mencionados, Pero lo cierto es que esa característica de la omnipresencia, abre tantas posibilidades para las campañas electorales, como también genera múltiples incertidumbres.

Si bien esta novedosa modalidad comunicacional puede sonar algo utópica o pasajera –(también se decía eso del cine en los albores del siglo XX), podemos estar ante el futuro de las campañas electorales, especialmente si consideramos el contexto de la pandemia y la manera en que esta puede cambiar a futuro los grandes eventos. Realizar varios mítines más pequeños en vez de unos pocos muy masivos es una posibilidad que probablemente sería más fácil de adaptar a los nuevos protocolos de sanidad que posiblemente surjan una vez terminada la crisis del Covid-19.

Esta práctica podría llevar a una profundización de una característica central en las campañas posmodernas. En esta etapa del desarrollo histórico de las campañas, la personalidad del candidato y su imagen mediática empiezan a pesar más que su mensaje e ideología. Asesorados por expertos, son los partidos los que comienzan a perder peso en la organización de las campañas. Aunque la territorialidad sigue siendo una característica importante del armado electoral, pierde relevancia frente a las nuevas tecnologías, y queda sometida a procesos de targetting para su segmentación territorial[2], buscando así obtener mejores resultados.

Con los hologramas, esto último, se podría diluir, dado que territorialidad y tecnología se combinarían, se complementarían, para conseguir hacer más fuerte a la campaña electoral. Nunca, tan literalmente, la imagen del candidato pasaría a tener un peso específico, aumentando su exposición y la personalización, pudiendo estar así el candidato “más cerca” de sus simpatizantes, tener un contacto más personal, pero sin perder el alcance masivo de su mensaje.

De esta forma los candidatos podrían cubrir mucho más terreno en poco tiempo y entraríamos a una fase de las campañas electorales donde una mayor implementación de esta tecnología sería un elemento cada vez más importante a la hora de optimizar el alcance y los tiempos de una campaña.

La forma de los mensajes a transmitir, en principio, no debería cambiar respecto a lo que se ve en un mitin normal de la actualidad, siendo que, al fin y al cabo, la única diferencia es que el candidato no está ahí físicamente sino su imagen proyectada.

Los mítines convencionales podrían sufrir un cambio sustancial en sus formas ante el desarrollo de nuevas tecnologías.

¿Qué se gana usando hologramas?

Estos nuevos canales de comunicación tienen, como antes se mencionó, dos ventajas: lograr el efecto de lo novedoso (ventaja temporal) y expandir el alcance de las campañas electorales (ventaja permanente).

La primera es una ventaja temporal dado que, si bien el primer efecto de shocklogra despertar el interés de los votantes al ver algo novedoso y a lo que no están acostumbrados, junto con el acarreo mediático que esto conlleva (claro ejemplo de esto fue el uso de los hologramas por Florencio Randazzo, que logro más relevancia mediática que la que uno de sus mítines tradicionales posiblemente hubiese logrado), eventualmente el efecto sorpresa desaparece, al ser asimilada como normal la técnica por los votantes.

De la misma manera que en las primeras funciones del cine la gente saltaba de sus butacas al pensar que un tren acercándose en pantalla los iba a arrollar, como con cualquier otra tecnología, llegara el punto en que normalizaremos su uso y este efecto novedad inicial se diluirá y ya no llamara especialmente nuestra atención. Aunque, cabe aclarar, ese día parece lejano todavía. En especial debido al elevado costo que tiene esta tecnología actualmente, su implementación masiva es aún lejana.

La segunda, que podríamos definir como la ventaja permanente, es que los hologramas permiten reducir (sino eliminar) la problemática de las distancias físicas en las campañas electorales, sin perder el toque personal de que el candidato aparezca en un mitin, a diferencia de un video o un aviso televisivo, por ejemplo.

La presencia personal del candidato es importante para una campaña, ya que lleva a una mayor participación en las regiones donde se realiza el mitin, fideliza el voto, y da lugar en los medios a la campaña electoral[3].

Así, el candidato puede estar en muchos sitios a la vez, y podrá interaccionar al público de la ciudad en la que está realmente, transmitiendo ese sentimiento de cercanía a donde sus proyecciones se encuentren. De esta forma las organizaciones detrás de las distintas campañas podrán optimizar el uso de los recursos y sus tiempos al no tener que desplazarse a varios sitios para poder “llevar al candidato” a ellos.

¿Hacia un nueva forma de hacer campaña?

El dilema de si conviene hacer un mitin en, supongamos, Buenos Aires o Rosario, desaparecerá, solo habrá que decidir qué público es más favorable para que el candidato reaccione en vivo ante él, y llevar la maquinaria necesaria para proyectar el holograma a la otra locación.

Esta ruptura de las imposibilidades previamente existentes, esta “omnipresencia holográfica”, abre la cancha no solo para reducir las dificultades para expandir el alcance de las campañas, sino que si bien al principio, de sistematizarse, podría quizás dar una ventaja a quienes cuenten con esta tecnología en comparación con quienes no, una vez se haga la norma dentro de las campañas aquellos espacios políticos más pequeños podrán darle un nuevo enfoque a sus campañas, ya que ahora con sus recursos podrán permitirse cubrir distancias que de otra forma no hubiesen podido hacer, sin perder el ya mencionado toque personal de su mensaje.

En ese sentido, podríamos estar ante una suerte de democratización o igualación del alcance de las campañas, entre las campañas más y menos estructuradas.

Evidentemente, esto todavía está muy lejos de tener el alcance que pueden tener la televisión o las redes sociales. No obstante ello, la temprana aparición de esta técnica en la escena de la comunicación política nos da indicios de que todavía hay canales de comunicación por explorar y trabajar, estando la posibilidad de que en un futuro no tan lejano, quizás acelerado por cuestiones como la actual pandemia,  la frontera entre contacto personal votante-candidato y masividad se diluya, y la presencia física del candidato (junto con la importancia de su imagen) puedan lograr un alcance sin precedentes.


[1] BBC Mundo. (20 de Abril de 2017). Los políticos que usan hologramas para estar en 7 lugares al mismo tiempo. BBC Mundo.

[2] D’Alessandro, M. (2011). La relevancia democratica de las campañas electorales mediaticas. Revista Argentina de Ciencia Politica, 106.

[3] Barbet, B. (2016). En defensa de las campañas electorales (y de sus costes). Politikon.