¡Ellas al poder! Los desafíos de los liderazgos femeninos en la política actual

Por Agostina Farías (Licenciada en Ciencia Política,UBA)

En los últimos días nos hemos visto sumergidos en una serie de noticias que destacan el trabajo realizado por las líderes mujeres en ejercicio de sus cargos ejecutivos y gabinetes, en combatir la pandemia del Covid-19. No solo han actuado temprana y rápidamente para evitar la propagación del virus entre la población por medio del cierre de fronteras, interrupción de las actividades escolares y el fomento del aislamiento social, sino que conjuntamente a dichas medidas implementaron sistemas de testeos gratuitos y ordenaron la suspensión de actividades no esenciales. Todo ello, articulado en el marco de estrategias comunicacionales que demostraron ser altamente efectivas. 

Los portales periodísticos y medios masivos de comunicación evidenciaron comentarios como “necesitamos más mujeres así” pero ¿qué travesías deben atravesar las mujeres para llegar a dónde están? ¿cuáles son sus posibilidades fácticas de acceso y sostenimiento en la política?

Según señala el último Mapa Mujeres en Política 2020[i] de la ONU, actualmente un poco más del 10% de la totalidad de países se encuentran gobernados por mujeres. Es decir, hay 20 Estados donde hallamos personas del género femenino en cargos de Jefas de Estado y Jefas de Gobierno. Entre ellas se destacan Angela Merkel en Alemania, Tsai Ing-wen en Taiwán, Katrín Jakobsdóttir en Islandia, Sanna Marin en Finlandia, Mette Frederiksen en Dinamarca, Erna Solberg en Noruega y Jacinda Arden en Nueva Zelanda por sus gestiones en contexto de pandemia.

¿Implica esto que el género es la variable explicativa del éxito de su gestión? Ciertamente no, pero nos permite traer al debate algunos análisis interesantes en relación a los desafíos que enfrentan las mujeres cuando de participación y liderazgo político se habla.

¿Es cierto que las mujeres deben esforzarse el doble? ¿cuán difícil es llegar y mantenerse en la arena política y la gestión de la “cosa pública”? Como bien lo señala la politóloga y abogada paraguaya Line Bareiro[ii], la participación de las mujeres en partidos políticos no es un fenómeno nuevo, ellas han estado activas en mayor o menor medida a lo largo de la historia, siempre siguiendo la lógica de la división sexual del trabajo en las actividades consideradas “de base” (las que permiten al partido funcionar), en el imaginario de la organización, eran las mujeres quienes se suponía debían encargarse de la limpieza y mantenimiento de los locales partidarios, organizar colectas de fondos, difusión de panfletos y preparación de comida para eventos, entre otros. Afortunadamente, el contexto fue cambiando y se comenzó a concebir a las mujeres como sujetas pasibles de convertirse en líderes y referentas partidarias. Sin embargo, ellas deben atravesar el doble de obstáculos que sus pares masculinos. No solo a lo largo de todo su trayecto de ascenso partidario deben hacer frente a los prejuicios y desafíos que conlleva el actuar en un espacio caracterizado por ser de dominio masculino y estructura piramidal, sino que estos caracteres reaparecen nuevamente cuando logran alcanzar cargos ejecutivos, legislativos y la Administración. Cuando ellas llegan a puestos de toma de decisión, no solo deben lidiar con el peso de las encuestas de evaluación de imagen y valoración de gestión (¡la temida y exigente opinión pública!) sino que cualquier traspié o fracaso puede implicar la obturación de su carrera política ya que a las mujeres los errores se les perdonan menos.

En 2015 Mette llegó a la presidencia del Partido Socialdemócrata de Dinamarca, en su discurso de asunción remarcó las dificultades atravesadas por ella y sus demás compañeras al interior de su partido y recordó que sus pares masculinos la llamaban ‘jamón chillón’. Desde el 2019 Mette es primera ministra”.

Deborah Rhode y Barba Kellerman en el libro “Women and Leadership. The State of Play and Strategies for Change” han puesto en evidencia el primer obstáculo que atraviesan las mujeres aspirantes a convertirse en líderes: el estereotipo del “gran hombre”. Todos los atributos asociados a un líder se condicen con aquellos asociados a lo masculino: dominación, autoridad y racionalidad. Lo cual ha llevado a las mujeres a tener que adquirir estos rasgos, es decir, “masculinizarse”. Sin embargo, este proceso tiene también un costo, una mujer política que parezca poco femenina produce un impacto negativo en la imagen que la ciudadanía obtiene de ella porque las mujeres intrínsecamente son asociadas con los cuidados, con lo sentimental y la maternidad. Recordemos que el binomio “mujer-madre” tiene gran peso en la sociedad y la mujer que no tiene deseos de ser madre suele ser presentada como una mujer fría, distante y toda una serie de atributos peyorativos. Por el otro lado, mostrarse como demasiado femeninas tiende a generar un impacto negativo en su liderazgo al momento de la negociación política, pues se crea una imagen de mujer débil y, consecuentemente, incapaz.

Tsai ha sido una de las mandatarias que más rápido a actuado frente a la pandemia, en Enero ya había tomado 124 medidas de gobierno para evitar la propagación del virus

A esto se le debe sumar que en las mujeres recaen las responsabilidades de las tareas de cuidado y reproducción de la vida, lo cual colisiona con el ejercicio de un puesto de liderazgo y posiciones de poder ya que requieren estar más horas fuera del hogar. El relevamiento “The Female Political Career”[iii] realizado por Women Political Leaders señaló como conclusión más importante la presión que tienen las políticas por la influencia de lo doméstico. A su vez, el comportamiento esperado y socialmente aceptable en función de su género es controlado por los líderes del partido, sus colegas, los votantes y, por supuesto, los medios. 

Frente a este escenario, las aspirantes a líderes deberán contar con conocimiento técnico específico debido a una constante exigencia de validación de sus aptitudes e idoneidad. Esto se replica tanto con las líderes políticas a cargo de Ejecutivos, como en los puestos de dirección al interior de la Administración, en la ocupación de bancas en el Parlamento y la participación en sus respectivas comisiones. Este panorama se complejiza por las limitaciones impuestas debido al “techo de Cristal”, encontrándose muchas mujeres ejerciendo cargos administrativos en los sectores más bajos de las pirámides ministeriales, pero pocas en los escalafones más altos, teniendo ellas la mayor tasa de graduación universitaria (y con mejores promedios).

Por otra parte, el informe titulado “Igualdad de Género en la Administración Pública”[iv] del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se aboca a analizar todas las vicisitudes atravesadas por las mujeres en ejercicio de cargos públicos; como ser la discriminación por edad (demasiado jóvenes o demasiado viejas), la segregación de actividades sociales realizadas por fuera del ámbito laboral (el cual impide poder ingresar a los círculos privilegiados de información y generación de contactos estratégicos) y la asociación a adjetivos que son contrapuestos con lo que implica el ejercicio de un liderazgo (como ser obediencia, emoción, dedicación, entre otros).  

Marin es la primera ministra más joven del mundo, con solo 34 años está al mando del Ejecutivo y una de sus principales estrategias comunicacionales fue apelar a los influencers locales para llegar los mensajes del Gobierno a la mayor cantidad de población

En los últimos años se han generado avances en el acceso de mujeres a la vida y el quehacer político. Tanto a nivel internacional reflejados en compromisos internacionales por medio de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Declaración y Plataforma de Beijing y, como a nivel local, por medio de acciones positivas como el establecimiento de cupos de participación y leyes de antidiscriminación. A pesar de esto, la ocupación de espacios de toma de decisión avanza con lentitud. 

En el marco de crisis mundial agravada por la pandemia del coronavirus, la deslegitimación de liderazgos masculinos y la incertidumbre en los centros hegemónicos de poder, estas líderes no la tienen fácil. Sin embargo, han tenido la fuerza suficiente para llegar, mantenerse y tomar decisiones efectivas que las pusieron en el centro de la escena. 

Es tiempo de comenzar a cuestionar y deconstruir las valoraciones y estereotipos patriarcales que las confinan a un rol social determinado, a un continuo escrutinio y juzgamiento sobre su proceder en puestos de tomas de decisión, el cual las coloca en desigualdad de condiciones frente a hombres que ocupan los mismos cargos de responsabilidad política, en pos de alcanzar la igualdad de oportunidades que siempre se pregona y muchas veces no se cumple.


[i] Mapa completo disponible en https://www.unwomen.org/es/digital-library/publications/2020/03/women-in-politics-map-2020

[ii] Ver “Las recién llegadas. Mujer y participación política”. Disponible en http://www.corteidh.or.cr/tablas/a12001.pdf

[iii] Informe completo disponible en la página Women Political Leaders https://www.womenpoliticalleaders.org/wp-content/uploads/2015/01/Final_13012015_The-Female-Political-Career.pdf

[iv] Informe completo disponible en la página I Know Politics https://www.iknowpolitics.org/sites/default/files/gepa_report_sp_web.pdf