Benditas redes sociales: alcances y limitaciones

Por Javier Navarro Alvarado (UNAM)

En la actualidad no es nada extraño advertir a la política en medios de comunicación. Es un hecho casi irrefutable que actores políticos recurren a medios ya sea para dar promoción de las acciones que su gobierno encabeza; posicionarse como figuras políticas o simplemente para establecer un “dialogo” entre gobernantes y gobernados.

Sin embargo, y a pesar de la significativa importancia que representan los medios de comunicación tradicionales para la vida pública es cada vez más común apreciar a políticos acudir a una esfera que hasta hace poco más de una década era ignorada por los mismos.

La esfera digital, en especial las redes sociodigitales, gradualmente han ganado terreno frente al modelo de comunicación política tradicional. El auge, cada vez más acentuado, de la esfera digital ha hecho que actores acudan a este espacio como herramienta de promoción, posicionamiento e incluso como mecanismo de contención de crisis.

No es para nada sorprendente observar que actores de la talla de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Justin Trudeau o Emmanuel Macron desplieguen comunicados frente a un tema específico. Tampoco es raro advertir a organismos públicos pronunciarse frente a un acontecimiento dado. El caso mexicano no es diferente. Desde el acenso del Gobierno de la Cuarta Transformación se ha observado una fuerte tendencia por posicionar a plataformas digitales como canales de comunicación emblema, por encima de los tradicionales.

Ejemplos de esta noción son bastos. El pasado 3 de abril el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), anunció otorgar a medios tradicionales los tiempos oficiales del Estado, bajo el argumento “que un gobierno que mantiene comunicación permanente con el pueblo, un gobierno del pueblo no necesita propaganda en la industria de la radio y televisión”.

La postura del presidente mexicano devela, indudablemente, la aspiración de posicionarse como el agente encargado de manejar, por no decir monopolizar, todo tipo de información que se divulgue en medios sobre su Gobierno. Y es que a través de la ya citada estrategia de conferencias matutinas, el Gobierno de México aspira a tener impacto en la agenda diaria. Pero más allá de ello, la Cuarta Transformación aspira a configurar a las plataformas digitales como las encargadas de dictar la agenda pública mediática.

La confianza que el Gobierno de AMLO ha depositado en las redes sociodigitales es evidente, pues en diversas ocasiones el Presidente Mexicano se ha referido a ellas como “benditas redes sociales”, pues presupone que en ellas se puede combatir no solo a la oposición y críticos de su Gobierno, sino también fortalecer la imagen de su Gobierno a través de ellas.

Si bien conceptualmente el esquema que se piensa implementar es ambicioso y divergente, la realidad se aprecia lejana a su ejercicio, pues el acceso desigual a Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) e Internet implica un escollo que dificulta y entorpece la práctica de dicha estrategia de comunicación gubernamental.

La brecha digital, entendida como el acceso estratificado a las TIC, en México juega un rol crucial en esta coyuntura.

De acuerdo con  la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019 en México únicamente el 56.4% de los hogares en México dispone de Internet.

Sumado a ello, la ENDUTIH releva que si bien en México hay 80 millones de usuarios de internet, hay una cantidad no menor de 35 millones de mexicanos desprovistos al acceso de Internet en el país. Ello sin dejar de lado que el 76% de la población urbana es usuaria de Internet, y únicamente el 47% de la población rural se asume usuaria de internet.

Dichas cifras sugieren un potencial distanciamiento entre la población alejada de servicios de Internet y telecomunicaciones y el Gobierno. Lo cual indica que muy a pesar de las aspiraciones por configurar un modelo de comunicación novedoso e independiente de medios de comunicación tradicionales es complejo llevarlo a buen puerto.

El fenómeno se acentúa al tiempo de reparar que, de acuerdo con el 15º Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México el 82% de los usuarios accedes a redes sociales en búsqueda de entretenimiento, hecho que reafirma la ENDUTIH pues de acuerdo con dicho estudio la principal actividad de los usuarios de Internet concierne a entretenimiento 91.5%. Es decir, la intención de poner en marcha una estrategia de comunicación política se ve desafiada por los hábitos del usuario de Internet en México, pues este no se aproxima a las “benditas redes sociales” con fines informativos sino con recreativos.

Por otro lado, y de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2018 (ENCCA-2018), elaborada por el Instituto Federal de Comunicaciones (IFT), el principal medio para seguir noticias es la televisión abierta.

Dicho panorama sugiere que las llamadas “benditas redes sociales” son un recurso necesario más no suficiente al tiempo de poner en marcha una estrategia de comunicación gubernamental. El comportamiento de la audiencia mexicana indica que, para poder ejercer una estrategia de comunicación política gubernamental es preciso, irremediablemente, acudir a medios de comunicación tradicionales, pues estos, a pesar de lo esperado, continúan siendo los espacios que mayor amplitud pueden ofrecer.

El ascenso de las plataformas digitales no está a debate, pero resulta apresurado asumir que este espacio sea el único encargado de encabezar la comunicación gubernamental. En todo caso el esquema mediático que se debe impulsar es uno convergente, en el que tanto medios tradicionales como digitales convivan en cierta sintonía. De esta manera no solo el Gobierno de la Cuarta Transformación, sino todo Gobierno que aspire a tener permanente comunicación con sus gobernados podrá tener presencia en ambas esferas y, de esta manera, construir un escenario mediático integral y, sobretodo, cada vez más horizontal entre Gobierno y Gobernados.