Los desafíos del radicalismo: entrevista a Gonzalo Condis

Entre los principales actores de la política argentina el radicalismo aspira a fortalecer su rol en la arena pública. Para analizar su performance en la coalición Juntos por el Cambio y su futuro a nivel nacional y en la Ciudad de Buenos Aires, Revista Compol conversó con el politólogo (UBA) y dirigente radical Gonzalo Condis.

Revista Compol: ¿Cuáles son los balances que hacés de los cuatro años en los que el radicalismo funcionó a nivel nacional en una coalición? (tanto en términos políticos como en términos comunicacionales) ¿Considerás que tuvo un lugar justo en el esquema de gobierno?

Gonzalo Condis: La coalición tuvo muchas dificultades políticas, no tanto en materia de coordinación sino en lo relativo al reconocimiento de roles y lugares al interior del espacio. El radicalismo cometió un error del principio: el líder de esa coalición a nivel nacional, Ernesto Sanz, rechazó ser parte del gobierno. Eso no suele pasar en ninguna coalición del mundo: donde dos o tres partidos se coalicionan sus líderes ocupan una vicepresidencia o un cargo de alto tenor representando al partido en la mesa de decisiones.

Ante esta situación en el radicalismo, los dirigentes partidarios quedaron replegados en el Congreso o en las gobernaciones, y quién había liderado la coalición quedó por afuera. Todo esto generó el debilitamiento del rol partidario en la mesa final de toma de decisiones, por lo que era muy difícil debatir. Además llevó a un partido descentralizado, ya que los gobernadores tenían que negociar cosas por su cuenta mediante el jefe de gabinete o el Ministerio del Interior. Así, se produjo un vacío en la toma de decisiones partidarias

RC: Si tuvieras que señalar un acierto y un error a nivel político y a nivel comunicacional del radicalismo nacional en la actualidad, ¿cuáles dirías que son? ¿A qué se debe estos errores?

GC: En términos políticos, podemos decir que le fue bien en lo relativo a la preponderancia territorial por el crecimiento que tuvo a nivel provincial y municipal. Además, se consolidaron tanto las estructuras jóvenes como la Franja Morada que continuó ganando la Federación Universitaria Argentina (FUA), como espacio de representación juvenil, frente a La Cámpora. Sin embargo, después de 2018, cuando se iban a discutir las candidaturas, quedó una sensación de cierto sinsabor respecto a la falta de espacio dentro de la construcción política. En 2019 se mantuvieron las gobernaciones, se esperaba dar algún salto en algunos lugares que no se consiguió.  La derrota de Macri alteró lo que era la estrategia partidaria dentro de la coalición, y que apuntaba a crecer y consolidarse tanto a nivel provincial y municipal con el objetivo de disputar con un referente propio la candidatura a presidente frente al Pro u otro espacio dentro de Juntos por el Cambio.

RC: ¿Cómo sintetizarías los desafíos que tiene el radicalismo a nivel nacional? ¿Y a nivel de la Ciudad de Buenos Aires?

GC: Lo cierto es que es un partido que sigue siendo federal, que es democrático en la toma de decisiones. Es un partido que está visto que es predecible, que tiene varios líderes pero no tiene tampoco un líder supremo. Esto puede ser visto tanto como una fortaleza como una debilidad:  al tener muchos dirigentes con cierta representatividad hace de que sea un partido más horizontal, pero le sigue faltando un líder carismático y de masas que permita que el partido tenga una presencia en la provincia o en la Ciudad de Buenos Aires que es donde se juega la carta nacional.

En términos comunicacionales, creo que el tema de mostrar que sigue habiendo internas que no terminan de cerrarse y que ello en ocasiones es aprovechado por el gobierno para hacer mella, hace que el partido sea percibido como un partido burocrático, que siempre es reacio a no quebrar ciertos límites. Lo positivo, de nuevo, es que es un partido que debate de cara a la gente, que es predecible, que sabe dónde está parado, que en el interior tiene su fortaleza, y que en la Ciudad de Buenos Aires tiene un muy buen candidato que es Martín Lousteau, y que en la provincia de Buenos Aires tenemos una masa importante de intendentes que apoyaron a Vidal y que siguen siendo una masa de poder importante en ese territorio.

El objetivo del radicalismo a nivel nacional es, en primer lugar, mantener la cohesión de la coalición Juntos por el Cambio. Me parece que después del 40% en las elecciones nacionales de 2019, es importante “no sacar los pies del plato” que nos va a permitir construir una estrategia electoral para seguir creciendo. En cuanto a los desafíos, creo sin dudas que tener una mayor identidad propia en la toma de decisiones políticas. Creo que con Cornejo, con Negri y Lousteau hay oportunidades para sobresalir, pero lo que le está faltando es un lugar de gestión que le pueda dar visibilidad. En términos de la Ciudad, la coalición con el PRO nos ha fortalecido, sin perder una identidad propia, creo que el tema también de discutir algunas prioridades como ser la de cerrar la brecha entre el norte y el sur de la ciudad es una discusión que el radicalismo siempre ha dado en la ciudad, y que es parte de su estrategia: que más allá de las grandes obras y de una ciudad pensada en términos de desarrollo  inmobiliario podemos pensarla también en términos de mayor igualdad.

RC: La sucesión en los mandatos es algo “natural” en la democracia. Sin embargo, no por ello resulta una tarea sencilla. A Horacio Rodríguez Larreta el 2023 lo encuentra, a nivel local, terminando sus 8 años de mandato y, a nivel nacional, con un presidente que busca su reelección. Como todo presidencialismo, el “sistema” suele beneficiar a quien gobierna y va por una reelección. ¿Cuál augurás que será el futuro político de HRL? ¿en dónde lo ves?

GC: En el futuro, lo veo a Horacio disputando la candidatura presidencial dentro de una coalición no peronista. Creo que la oportunidad es única, no va a tener otra oportunidad para dar el salto a una disputa presidencial. Obviamente, va a tener que sortear obstáculos al interior de su propio espacio, como la disputa con el propio Macri y con Vidal. Igual falta mucho, el Pro tiene muchas corrientes y espacios internos, y hay que ver cómo cierran algunas heridas entre muchos de los actores protagonistas del gobierno anterior. También tendrá que disputar con otros líderes provinciales, como pueden ser Morales, Cornejo y Negri. Por eso, creo que va a ver una disputa fuerte por la candidatura presidencial en el arco no peronista.  

RC: Muchas veces la principal dificultad de los partidos políticos, sobre todo después de haber superado el paradigma de lo que Manin llamaba los “partidos de masas”, es identificar liderazgos que se puedan transformar en candidatos competitivos. ¿Cuál es tu top 5 de posibles –no vale decir “falta mucho”- candidatos presidenciables del radicalismo?

GC: Los candidatos o figuras que puede tener el partido a nivel nacional, por razones de imagen, son obviamente Morales, Cornejo, Lousteau; pero también Negri, Suarez, Ricardo Colombi, Daniel Salvador, Ernesto Sanz. Despues hay muchos dirigentes muy buenos a nivel municipal, pero que primero tienen que dar el salto a nivel provincial, y diputados y senadores como Mestre de Córdoba, Costa de Santa Cruz, Cano en Tucumán o Martínez en La Rioja que pueden dar un salto de calidad en sus distritos.