Liderazgos y gobiernos locales en tiempos de pandemia

Por Lic. Natalia Alvarado Avalos

El 2020 nos sorprendió con una pandemia que cambió cualquier paradigma conocido de la política. Si bien es trillado decir que nada volverá a ser como antes, es necesario reconocerlo ya que el modelo de los “abrazos” y “cercanía” se van a redefinir.

La tecnología tomará un rol central y la territorialidad está en proceso de transformarse. La “militancia de base” se adaptará y los “actos con multitudes” serán situaciones que no veremos por un tiempo y cuando retornen, tendrán otro formato. Es curioso ver en las fotos, como los escenarios tienen de protagonistas a los barbijos, guantes y cualquier otro elemento de protección. Por su parte, en las “fotos grupales” todos ubicados como en un juego de ajedrez, cada uno en su cuadrante.

De lo que más se habló en estos tiempos fue del protagonismo de los líderes ejecutivos nacionales y provinciales, pero muy poco de los líderes municipales y legislativos. Un tema que además de lo académico, hoy requiere un tratamiento pragmático. Sin receta mágica,  hay una serie de aristas a tener en cuenta a la hora de pensar en las estrategias de comunicación para plasmar un liderazgo.

Pero para hacerlo más ordenado corresponde plantearnos una serie de preguntas ¿qué esperan los ciudadanos de un líder? ¿Cuáles son los riesgos de exagerar atribuciones a un líder? ¿Qué rol cumplen los legislativos?  ¿Cuáles son los desafíos que esperan de los profesionales encargados de la comunicación de un gobierno local?

Lo primero que se espera de un líder, en un panorama de riesgo y de crisis, es empatía y contención. Pero sobre todo, desde lo institucional, cualquier acto individual que carezca de credibilidad puede ser considerado como oportunismo.

Lo segundo, es el consenso de las distintas coaliciones que se integran. Disputas y acusaciones, en la mayoría de los casos tienen efectos negativos y también se considera oportunismo.

En tercer lugar, el ciudadano busca encontrar mensajes que generen certidumbre. Por lo general, los ciudadanos no necesitan cifras ni porcentuales por parte de gobiernos municipales, tampoco términos complicados, sino información que le sea útil en su metro cuadrado. En situaciones de riesgo y de crisis, los mensajes deben resultar útiles y claros, dependiendo a lo que se quiera apuntar y con la emocionalidad justa.

Por último, ser ejemplo motivador para seguir cualquier pauta. Especialmente en municipios o comunas, donde la primera instancia de contacto con cualquier medida nacional y dinámica local se da en estos ámbitos.

Sin embargo, en mi experiencia, muchas de estas aristas no se cumplen. En cuanto a los efectos, algunos casos pasan por desapercibido y otros tienen graves consecuencias. Ejemplo de ello, tenemos titulares de funcionarios municipales sancionados por no respetar la cuarentena. Pero en caso de tener efectos negativos, generándose una crisis individual, siempre es bueno intentar reducir los daños, dependiendo el impacto o si amerita realizar alguna acción.

Hasta aquí, hablamos en general de lo que se aplica en los ejecutivos y sus gabinetes municipales. Pero ¿Qué ocurre con los legislativos? La realidad es que pasaron a un segundo plano siendo prácticamente absorbidos por las acciones del ejecutivo. Situación agudizada por la parálisis de los cuerpos deliberativos municipales, hasta que tuviesen protocolos de sesión y ordenanzas que fuesen necesitadas por la emergencia sanitaria. Caso contrario de la mayoría de los cuerpos legislativos provinciales, que abrió el juego para que cada uno busque establecer en el marco de la pandemia proyectos que los distingan. ¿Qué hicieron algunos legisladores o concejales locales ante esta situación? Algunos apelaron acompañar operativos de gestiones de limpieza en representación del municipio o comuna. Otros eligieron mantenerse en redes difundiendo información o programas, salir pasado un tiempo y realizar actividades de “militancia de base” (que muchas veces implican un aglomeramiento innecesario). Sin embargo, esto parece no alcanzar para distinguirse uno de otro. Quizá el desafío está en cómo adaptarse, redefinir vocabularios y seguir protocolos, pero sobre todo intentar establecer contención mediante respuestas rápidas en los diferentes feeds de las redes sociales.

Esto último nos conlleva a pensar en los desafíos que tenemos como estrategas de la comunicación, dentro de los gobiernos municipales y comunales. En repensar como destacarnos a medida que avance la pandemia, cómo comunicar los proyectos que se hagan desde el lugar de un legislativo y sobre todo, como afianzar el vínculo entre la institución municipal y los ciudadanos generando credibilidad. Repensar un liderazgo potenciando la empatía desde la cercanía digital y comunicando en la territorialidad desde los protocolos sanitarios establecidos. A la fecha, este es el panorama y son aspectos a tener en cuenta. Los mismos cambian según la cultura de cada gobierno local y según el funcionario; teniendo en cuenta sus fortalezas y debilidades, el rol que ocupe en este contexto de pandemia y sobre todo el día a día para pulir una comunicación eficaz. Esto no es una receta, pero si son elementos a tener en cuenta y sobre todo para aplicar; citando al gran Nicolás Maquiavelo, con prudencia y si la buena fortuna nos acompaña.