El desafío de ser oposición en tiempos de crisis

Por Lic. Emiliano Palavicino

Si la política es la actividad humana por la que se resuelven los conflictos, las crisis son las etapas donde la necesidad de resolverlos se magnifica, rompiendo con cualquier tipo de manual. Las crisis ponen en un corto tiempo todo al revés y, si no estás mínimamente preparado, el cimbronazo puede ser duro.

En tiempos donde la incertidumbre frente a una nueva situación es lo que predomina, se requiere de los actores políticos la responsabilidad y la estatura necesaria para atravesar la inestabilidad provocada, siendo que las sociedades inexorablemente posan la atención sobre los líderes políticos, asumiendo que el Estado es la entidad capacitada para la gestión de la crisis. Si tenemos en cuenta esto, en democracias con ejecutivos fuertes, los desafíos que plantean las crisis son múltiples.

Por un lado, los gobiernos que son los que tienen que manejar los resortes y ser capaces de generar herramientas de excepción en el menor tiempo posible para dar soluciones a la sociedad y poder mitigar los problemas causados. Por el otro, quienes deben asumir el rol de oposición, definir qué lugar ocupar dentro del esquema que se plantea, definiéndose entre la cooperación y el conflicto.

En Argentina, la propia organización institucional del país pone de manifiesto el dilema que afronta la oposición frente a la crisis generada por la pandemia del Coronavirus. El principal espacio opositor oscila entre el acompañamiento a las medidas tomadas por el Gobierno central y un posicionamiento opositor que lo diferencie frente al electorado. El acompañamiento, principalmente viene dado por aquellos actores políticos que tienen responsabilidades ejecutivas y ven la imperiosa necesidad de cooperar para atender a los problemas que día a día se presentan. Gobernadores e intendentes de la oposición se muestran en contacto y en trabajo mancomunado con el partido de Gobierno, asumiendo que ese camino trae mejores beneficios sin que eso represente que su identidad político ideológica se vea licuada.

Sin embargo, el rol de la oposición no se agota en sus representantes en los Ejecutivos regionales, sino que también toma forma en el cuerpo Legislativo, donde la propensión a cooperar no se ve tan nítida. Los legisladores de la oposición reclaman por la legitimidad de sus funciones también conferidas por el voto popular, optando por tener una actitud un tanto más hostil, utilizando un recurso que siempre se pone del lado del Ejecutivo: el de la “campaña permanente”. Este concepto, asociado a la necesidad de los Gobiernos de reafirmar permanentemente a su electorado, en este momento de crisis que no viene dado por desajustes del propio sistema político, lo encontramos del lado de la oposición tanto en sus espadas legislativas como en aquellos actores que hoy no tienen ningún cargo pero que siguen siendo referencia ineludible.

El ejemplo más claro de este discurso de campaña utilizado es el del “travesía por la democracia”. Legisladores del principal bloque opositor usaron esa consigna para publicitar su llegada a la ciudad de Buenos Aires, reclamando que haya sesión de manera presencial, cuando las condiciones para tal aglomeración de gente no están dadas. Ese discurso hace parecer que la democracia estuviera en juego porque el Congreso no funciona, cuando en realidad pueden seguir ejerciendo sus funciones como legisladores. Ese discurso resulta temerario y no se ajusta a una realidad que exige otro tipo de compromiso con la democracia.

Esta decisión de optar por un discurso proclive a tomar distancia de las acciones del Gobierno y procurar mellar su imagen frente a la gestión de la crisis, toma un carácter electoral que no resulta conveniente en momentos como este. No se sostiene aquí que no se marquen los errores que pueda cometer el Ejecutivo Nacional o que no haya propuestas innovadoras que resulten efectivas, sino que la actitud de campaña no es lo que se requiere ante una crisis. Es necesario seguir reafirmando la importancia de la política, porque es a través de ella que se consiguen resultados. La comunicación sola, y peor aún, la comunicación en formato de campaña no hace más que agitar las aguas de una sociedad que necesita que la dirigencia política muestre respuestas contundentes.

Desde estas líneas no se insta a la unidad inerte de la dirigencia, sino a poner de relieve la importancia de la política en la construcción de soluciones para los problemas por los que se atraviesa en el marco de una crisis. El rol de la oposición siempre es clave en la democracia, siendo un factor de equilibrio clave. Pero es un rol que necesita ser ejercido con suma responsabilidad, porque la gestión de crisis que no trata de la caída o sostenimiento de un gobierno, sino atravesar de la mejor manera posible un período de incertidumbre y angustia.